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Trabajadores muertos en salmonicultura: un oscuro récord en 2026

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En un dramático inicio de 2026, la industria salmonera chilena ha registrado un alarmante incremento en el número de trabajadores fallecidos, elevándose a diez las muertes en los primeros siete meses del año. Ecoceanos publicó un informe que detalla la trágica muerte de Damián Cristófer García Álvarez, un buzo mariscador de solo 27 años, quien perdió la vida mientras realizaba labores submarinas en un centro de cultivo de salmones perteneciente a la transnacional noruega Mowi. El accidente ocurrió el 2 de julio en el estero Bután, en la Región de Aysén, menos de un mes después del deceso de Víctor Guerrero Barría, otro buzo también subcontratado por Tridente Servicios Acuícolas, aumentando la preocupación sobre la seguridad en este sector.

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Los accidentes fatales en la pesca y la acuicultura no son un fenómeno aislado, sino que destacan un patrón preocupante en la industria salmonera chilena. La trágica historia de García y Guerrero subraya el peligro inherente de trabajar en condiciones adversas y los riesgos que corren los trabajadores subcontratados, que a menudo son jóvenes provenientes de la pesca artesanal. En muchas ocasiones, estas empresas eligen contratar a mano de obra precaria, lo que les permite reducir costos a expensas de la seguridad de sus trabajadores. Las declaraciones de Mowi y Tridente Servicios Acuícolas tras el accidente, lejos de abordarle de manera contundente, parecen ser simplemente un intento de mitigar la presión mediática y social que genera la serie de muertes en este sector.

Desde el Centro Ecoceanos, se señala que la subcontratación de jóvenes buzos, atribuida a su menor costo y fácil reemplazo, es una práctica común en la industria. Esta modalidad de contratación ha levantado alarmas dentro de grupos de derechos laborales, quienes argumentan que la falta de regulaciones y la búsqueda de maximizar beneficios han convertido a esta industria en uno de los sectores más peligrosos para los trabajadores en Chile. Se estima que el promedio de 1,5 muertes por mes registrado en la primera mitad de 2026 es un claro indicador de las condiciones laborales deficientes y de la falta de protocolos de seguridad adecuados.

Las cifras también revelan que, entre 2004 y 2026, más de 270 accidentes de buceo se han registrado en centros de cultivo de salmón, de los cuales 49 resultaron en muertes. Estos datos, provenientes de la dirección del Territorio Marítimo y de Marina Mercante, respaldan las denuncias presentadas ante el U.S. Trade Representative por Ecoceanos y la Fundación Libera, sobre las precarias condiciones que deben enfrentar los trabajadores. La industria salmonera, que alimenta en gran parte el exigente mercado estadounidense, debe rendir cuentas sobre cómo gestiona la seguridad y el bienestar de su mano de obra.

El impacto de estas muertes no solo se siente en las familias de los trabajadores, sino que también plantea serias dudas sobre la responsabilidad social de las grandes corporaciones dentro de la industria salmonera. La creciente presión por parte de organizaciones como Ecoceanos pone de relieve la necesidad urgente de reformas en la legislación laboral, así como de una mayor transparencia en las prácticas de subcontratación. Mientras Mowi y otras empresas continúan sus operaciones con mínimas repercusiones a pesar de los incidentes fatales, la salud y seguridad de sus trabajadores deben ser prioritarias, no solo un tema a abordar tras el daño consumado. La industria está en una encrucijada que podría determinar su futuro ético y sostenible.

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