Bastián Bodenhöfer llega a la charla con la misma solemnidad que caracteriza a los actores que han alcanzado una madurez profesional irrefutable. A sus 65 años, comparte su edad como quien revela un secreto valioso, afirmando que, curiosamente, es en esta etapa de la vida cuando más suena el teléfono para él, en vez de menos. Tras una pausa en su carrera actoral y su despido de la Municipalidad de Recoleta, Bodenhöfer había comenzado a resignarse a una jubilación anticipada. Sin embargo, la vida le deparaba una nueva oportunidad justo antes de que el teatro lo llamara de regreso, lo cual lo llena de satisfacción y le brinda un nuevo impulso en su carrera.
El motivo de nuestra conversación es «Empieza con D, siete letras», la obra escrita por Juan José Campanella que ha sido traída a Chile por Marcela del Valle tras su notable éxito en Buenos Aires. Dirigida por Alexis Moreno en el Teatro Mori de Vitacura, la obra narra una intrincada relación entre un cardiólogo viudo y una mujer divorciada que se han encontrado de manera fortuita en la sala de espera de un dentista. Bodenhöfer, quien interpreta al doctor Luis Cavalli, describe a su personaje como un hombre originalmente rígido y educado, que enfrenta los estragos de la vida cuando ya pensaba que el tiempo de cambios había pasado.
El éxito de «Empieza con D» radica, según Bodenhöfer, en la maestría del texto de Campanella, que utiliza un crucigrama como premisa para construir una narrativa rica en referencias y significados que invitan al público a convertirse en testigos y cómplices de la historia. Con su propia trayectoria de 45 años en el teatro, Bodenhöfer asegura que un buen texto ya representa el 50% del desafío vencido. Su reflexión respecto a interpretar personajes con historia a los 65 años es clara: estos personajes son tridimensionales porque están cargados de biografía, lo cual se fusiona con la experiencia del actor que los revive.
En la conversación también surgen otros proyectos, como su actuación en la próxima película de Jorge Olguín, «Calcuytún», donde interpreta a un intendente del siglo XIX con un oscuro pasado. Bodenhöfer apunta que este personaje es relevante no solo por su papel en la historia, sino también por lo que representa: el choque entre la modernidad y la superstición, evidenciado en los horrores que desencadenó su misión de ‘modernización’. Lo fascinante de su relato es la mezcla de contexto histórico con la verdad cruda del ejercicio de poder y la violencia.
La charla adquirió un matiz profundo cuando Bodenhöfer recordó su primera película, «Imagen latente», filmada en clandestinidad en los años ochenta. Sin adornos, revela que una maquilladora del elenco era un agente de la CNI, involucrada en atrocidades. Su relato, aludiendo al horror que vivió en esa época, subraya no solo la valentía de los artistas que se atrevieron a crear en un contexto hostil, sino también la dignidad que conviene reconocer en figuras como él, que a sus 65 años regresan al escenario con más que un nombre: con una historia que contar y el deseo de ser recordados.








