A partir de este domingo 26 de abril, Chile da un importante paso en el ámbito laboral al implementar la Ley de 40 horas, la cual reducirá la jornada laboral semanal de 44 a 42 horas. Esta normativa tiene como objetivo principal fomentar el descanso y la conciliación familiar de los trabajadores, estableciendo una reducción gradual que alcanzará las 40 horas semanales para el año 2028. La Ley 21.561 no solo impone responsabilidades claras a los empleadores, sino que también protege los derechos fundamentales de los empleados, beneficiando de manera transversal a la gran mayoría de los trabajadores del sector privado que se rigen por el Código del Trabajo.
Hernán Juri, académico de la Universidad de Chile, aseguró en una entrevista con Radio U.Chile que la nueva ley trae ventajas generales para aquellos trabajadores que actualmente están sujetos a jornadas ordinarias. Sin embargo, existen excepciones para aquellos que ya cuentan con sistemas excepcionales de jornada o que están excluidos de las limitaciones de horario. Este cambio se convierte en un hito relevante dentro de la historia laboral del país, ya que propone un cambio significativo en la relación entre empleador y empleado, promoviendo un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal.
La implementación de las nuevas jornadas implica que los empleadores deben redistribuir las horas de trabajo de manera justa, ya sea acortando la jornada diaria o acumulando horas reducidas en ciertos días. Juri destacó que lo prohibido es que los empleadores compensen la reducción horaria a través de disminuciones salariales o aumentando de forma excesiva la carga laboral. En este sentido, la Dirección del Trabajo ha emitido directrices claras, subrayando que la falta de acuerdo entre trabajador y empleador no debe dar lugar a abusos en la implementación de la norma, asegurando que se respeten los derechos de los empleados.
Uno de los aspectos más importantes de esta regulación es que, según Juri, la normativa aclara que la reducción de horas de trabajo no debe implicar una disminución en las remuneraciones. Los trabajadores seguirán percibiendo el mismo salario a pesar de las menos horas trabajadas, una medida que refuerza la seguridad laboral y protege a los trabajadores de posibles arbitrariedades. Esto se traduce en un beneficio directo para los empleados, quienes, al disfrutar de más tiempo personal, pueden gestionar mejor su bienestar y salud mental, lo que a su vez podría repercutir positivamente en su rendimiento laboral.
Los expertos coinciden en que la nueva ley podría traer beneficios tanto para los trabajadores como para las empresas. Carlos Díaz, académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, sostiene que, aunque la primera reducción de jornada fue considerada moderada, ya se aprecian efectos positivos en términos de bienestar laboral y disminución de licencias médicas. Tanto la disminución del estrés como la mejora en la calidad de vida de los empleados podrían resultar en una recuperación efectiva de la productividad dentro de las organizaciones, desestimando así la creencia de que largas jornadas de trabajo son sinónimo de una mayor productividad.





