Desde que comenzaron su colaboración en 2022, Lorena Álvarez y Alejandro Palacios han desarrollado un enfoque musical único, centrado en la improvisación y la experimentación. Los músicos, que utilizan una variedad de instrumentos, desde el piano Rhodes y teclados hasta el trombón y la guitarra, han creado una rica texturización musical que desafía las categorías tradicionales. «Nuestro trabajo se mueve entre la improvisación, la música ambiental y ciertos elementos de la electroacústica y el jazz», comentan, subrayando que cada actuación es una experiencia irrepetible. Este trabajo no solo se ha manifestado en numerosas presentaciones en vivo, sino también en dos álbumes progresivamente elaborados, “Paisajes Para Torcer el Reloj” y el recientemente anunciado “Jardín Giratorio.”
El proceso de creación musical de Álvarez y Palacios ha sido una evolución fascinante desde sus primeras sesiones. Comenzaron a trabajar juntos durante una residencia artística llamada Nieve & Smog, donde llevaron a cabo una serie de improvisaciones que resultaron en su primer álbum. En lugar de manipular los registros en postproducción, optaron por presentar las grabaciones tal como fueron tocadas en esos momentos, lo que resulta en una fijación genuina de la música. Para su segundo álbum, “Jardín Giratorio,” el método se repitió, pero con mayor volumen de material y una exploración más profunda de sus posibilidades sonoras. «Cada grabación es como una fotografía de un momento musical único, que no se repetirá», expresan, destacando la naturaleza efímera de su música.
Entre el primer y el segundo álbum, la dinámica del dúo ha crecido significativamente, y su práctica de improvisación ha madurado. «Hemos aprendido a escucharnos mejor y a confiar en el espacio que deja la improvisación», mencionan. Esta evolución ha permitido la incorporación de nuevos instrumentos en sus actuaciones, ampliando así la gama sonora que presentan. La experiencia directa del público se ha convertido en una parte fundamental de su proceso creativo, donde muchas ideas surgen y se desarrollan en el escenario durante las presentaciones en vivo.
En el contexto de la música experimental y electrónica en Chile, Álvarez y Palacios observan un florecimiento de diversas comunidades y proyectos, aunque no se puede definir una única escena. El país cuenta con una rica tradición de experimentación sonora y referentes históricos. Además, han surgido nuevas iniciativas que fomentan colaboraciones entre arte, ciencia y tecnología, como el proyecto Sonidos de ALMA, que une músicos y astrónomos en una exploración artística de datos astronómicos. Otros espacios innovadores, como LiquenLab en Magallanes, están estimulando el diálogo entre arte y ecología, resaltando la creatividad del territorio chileno.
A pesar de la vitalidad en la escena, los artistas recalcan que el ecosistema aún enfrenta desafíos significativos, especialmente con recientes recortes al presupuesto cultural, que afectan a un sector que ya se mueve en condiciones limitadas. “Mucho de lo que ocurre depende de la autogestión y el esfuerzo colectivo de quienes organizan festivales y residencias”, afirman. A pesar de no sentirse parte de una escena específica, se identifican con otros artistas que comparten un enfoque de búsqueda y curiosidad, independientemente de los estilos musicales. El próximo concierto conjunto con Estela Ríos se llevará a cabo el 15 de julio en el Centro Arte Alameda, un espacio fundamental para la cultura alternativa chilena.








