La decisión del Ministerio del Trabajo de retirar del trámite de toma de razón el Decreto N° 10, que modificaba las normativas relacionadas con la investigación de acoso sexual y laboral, ha desatado una ola de críticas y preocupaciones entre legisladores y defensores de derechos humanos. Este decreto, que había sido diseñado para fortalecer la protección de los trabajadores frente a situaciones de acoso y violencia en el trabajo, estaba próximo a someterse a la fiscalización de la Contraloría General de la República, lo que hacía aún más inquietante su repentino retiro. Ana María Gazmuri, diputada y ferviente defensora de los derechos laborales, lo ha calificado como un «gravísimo retroceso», señalando que se pone en riesgo la protección de las víctimas en un momento crítico para la implementación de la denominada Ley Karin.
El oficio oficial emitido por la Jefa de la División Jurídica de la Subsecretaría del Trabajo, Ximena Contreras, se limitó a informar sobre el retiro de la norma sin ofrecer una justificación clara. Este documento ha generado aún más especulaciones sobre las verdaderas intenciones del gobierno, pues muchos ven en esta acción un intento deliberado de evitar el escrutinio y la regulación de procedimientos que podrían favorecer a las víctimas de acoso. Gazmuri ha insistido en que no se trata de un simple ajuste administrativo, sino de una manobra para debilitar las protecciones que tanto han costado a la sociedad y a las organizaciones que luchan por los derechos laborales.
La relación entre el gobierno y las organizaciones que defienden los derechos de los trabajadores se ha tensado con este incidente, especialmente en un contexto donde las expectativas eran altas respecto a la implementación de la Ley Karin. Esta ley busca proporcionar un marco legal más fuerte para prevenir y abordar el acoso en el lugar de trabajo, y su aplicación depende de políticas claras y efectivas como la que ahora se ha retirado. Las declaraciones de Gazmuri han resonado en redes sociales, amplificando la preocupación de muchos chilenos que ven en este acto un retroceso en la lucha contra la violencia y el acoso laboral.
Los efectos de esta decisión no se limitan solo al ámbito legislativo; también impactan en la cultura laboral en Chile. La falta de una normativa sólida deja a los trabajadores en una posición de vulnerabilidad, al desincentivar la denuncia de situaciones de acoso por miedo a represalias y a la falta de procedimientos claros de investigación. Esto crea un ambiente laboral tóxico que puede afectar la salud mental y emocional de los trabajadores. Gazmuri, en su defensa apasionada, ha hecho un llamado a la acción, instando a sus colegas y a la sociedad civil a continuar vigilantes y denunciantes ante cualquier intento del gobierno de esquivar sus responsabilidades en la protección de los derechos laborales.
Finalmente, este episodio resalta la necesidad de una discusión más amplia sobre las políticas laborales en Chile. De acuerdo con varios expertos, la creación de un entorno seguro y equitativo para todos los trabajadores debe ser una prioridad nacional. La retirada del Decreto N° 10 no solo desprotege a las víctimas de acoso, sino que también envía un mensaje negativo sobre la importancia del bienestar y la seguridad en el trabajo. En un momento donde las voces para el cambio son más fuertes que nunca, el desafío es asegurar que estas voces se conviertan en acciones concretas que fortalezcan la legislación laboral en beneficio de todos.








