En un hallazgo sin precedentes, investigadores de la Universidad de Chile han descubierto los primeros restos de tortugas marinas del Eoceno en el Pacífico suroriental, constituyendo un registro clave para entender la evolución de estos reptiles en la región. Este significativo descubrimiento, que implica la identificación de dos fragmentos de caparazón hallados en los Estratos de Algarrobo, fue documentado en la revista Andean Geology bajo el título «First sea turtle remains (Pan-Chelonioidea) from the Eocene of Algarrobo, central Chile». Dirigido por los paleontólogos Rodrigo A. Otero, Sergio Soto-Acuña, Raúl Ugalde y Alexander O. Vargas, este estudio representa un avance fundamental en el entendimiento de la biodiversidad marina de hace entre 56 y 34 millones de años.
Las costas de Algarrobo, reconocidas por su riqueza paleontológica, siguen revelando sorpresas sobre el pasado geológico de Chile. Durante campañas de recolección de fósiles, los científicos encontraron dos pequeños fragmentos de caparazón que son testimonio de la existencia de tortugas marinas en esta zona del océano Pacífico durante el Eoceno. Uno de los fragmentos corresponde al Eoceno temprano, mientras que el otro pertenece al Eoceno medio-superior, evidenciando que estas tortugas coexistieron en diferentes momentos dentro de este periodo, lo que era desconocido hasta ahora para la comunidad científica.
A pesar de que los restos encontrados son fragmentarios, proporcionan información esencial sobre la historia evolutiva de las tortugas marinas. Uno de los fósiles incluye parte del plastrón, la sección inferior del caparazón, mientras que el otro es una placa costal dorsal que posee marcas de los escudos córneos, permitiendo a los investigadores establecer comparaciones con especies modernas. Rodrigo Otero explicó que, aunque no se puede asignar a estos restos a una especie específica, la morfología de los fósiles indica una relación cercana con los grupos de tortugas marinas de caparazón duro que prevalecen en la actualidad.
Este hallazgo es crucial en el contexto paleontológico chileno, ya que hasta ahora solo existían registros de tortugas marinas del Cretácico Superior, lo que limitaba la comprensión de su historia en el Pacífico. La identificación de estos nuevos restos demuestra que un grupo diverso de tortugas marinas ya habitaba la región durante el Eoceno, lo que representa un avance significativo en la biogeografía de estas especies. Sergio Soto-Acuña destacó que, aunque no están describiendo una nueva especie, están documentando por primera vez la presencia de este importante grupo de tortugas, llenando así un vacío de millones de años en el registro fósil.
El descubrimiento también resalta el importante papel de la comunidad local en la conservación del patrimonio paleontológico. Gran parte de este hallazgo se debió a la colaboración de los vecinos de Algarrobo, quienes alertaron a los investigadores sobre los restos expuestos tras una marejada inusual. Otero enfatizó que este tipo de colaboración es esencial para proteger los fósiles y evitar que se pierdan debido a la erosión o la acción humana. La experiencia ha llevado a los investigadores a resaltar la necesidad de fortalecer los lazos entre la ciencia y las comunidades locales, abriendo la puerta a futuras investigaciones en los estratos Eocenos de Algarrobo.








