La ciudad palestina de Belén ha recuperado su espíritu festivo, a pesar del contexto de resistencia y crisis económica que atraviesa la región. Este 24 de diciembre, las tradicionales gaitas resonaron nuevamente en las calles, simbolizando un acto de esperanza frente a la sombra de la ocupación israelí y la reciente masacre en la Franja de Gaza. Después de dos años de silenciosa solidaridad con las víctimas del conflicto, los habitantes decidieron retomar las celebraciones navideñas como un gesto que busca restaurar la alegría y la esperanza en un período marcado por la violencia y la pérdida.
Sin embargo, el contexto de esta festividad no está exento de dificultades. La guerra ha dejado más de 70.000 palestinos muertos, infligiendo un dolor profundo a la comunidad. Además, el impacto económico ha sido devastador, ya que Belén depende del turismo religioso, que este año ha visto una notable disminución en el número de peregrinos extranjeros. A pesar de que el icónico árbol de Navidad se alzó nuevamente frente a la Basílica de la Natividad, la mayoría de los visitantes son familias locales, tanto cristianas como musulmanas, que ansían recuperar la esperanza en medio de un panorama sombrío.
La Embajada del Estado de Palestina en Chile calificó el encendido del árbol como un «símbolo de resistencia», subrayando el espíritu inquebrantable de la población frente a la agresión y el sufrimiento. Este acto se produce en un momento crítico, ya que miles de camiones con suministros esenciales permanecen bloqueados debido al conflicto, lo que agrava la situación humanitaria en la región, especialmente para aquellos desplazados que enfrentan el duro invierno. La comunidad disfruta de la festividad no solo como un tiempo de alegría, sino también como un recordatorio de la resistencia frente a la opresión.
El fraile Marcelo de la Custodia de Tierra Santa compartió su mensaje de esperanza y alegría, enfatizando la «necesidad de un cambio de hoja», que no olvide la historia dolorosa que ha afectado a la región. Su declaración se enmarca en el contexto de celebración, donde la Navidad de 2025 se convierte en un reflejo de la dualidad que enfrenta el pueblo palestino: la luz del árbol de Belén contrasta fuertemente con los oscuros acontecimientos ocurridos en Gaza. Las festividades simbólicamente buscan ofrecer un rayo de luz en medio de la adversidad.
A medida que Pierbattista Pizzaballa, una figura clave en Tierra Santa, preside la misa de Nochebuena, la población palestina continúa clamando por el fin de la ofensiva que sigue costando vidas. La misa se convierte en un espacio de reflexión y esperanza, un recordatorio de la fe y la determinación de un pueblo que no se rinde ante la adversidad. En este sentido, la Navidad en Belén no es solo una celebración religiosa, sino un acto de resistencia y unión frente a la tragedia, un momento para recordar que, incluso en las circunstancias más difíciles, la esperanza sigue viva.







