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Economía chilena: señales alarmantes de deterioro en 2026

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La economía chilena está atravesando por un período de significativa preocupación, conforme lo evidencia el último informe del Banco Central, que revela que el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de mayo de 2026 registró una descenso de un 0,9 % en comparación con el mismo mes del año anterior. Este dato marca la quinta caída consecutiva en meses, lo que ha reavivado el debate sobre la posibilidad de una recesión técnica en el país. Este preocupante contexto supone un desafío considerable para el Gobierno de José Antonio Kast, que ha hecho de la reactivación económica su principal promesa, prometiendo dinamizar la inversión y recuperar el crecimiento. Sin embargo, la realidad de las cifras negativas y la prolongada tendencia a la baja plantean interrogantes sobre la viabilidad de estos pronósticos optimistas.

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El escenario actual es especialmente alarmante, ya que esta es la primera vez que se observan cinco meses de caídas consecutivas en el Imacec en 17 años, desde la crisis subprime de 2009. Así lo explica Víctor Silva, economista y académico, quien señala que estos niveles de actividad económica están forzando comparación con las crisis de 1999 y 2009, períodos que los chilenos no han vivido en su vida adulta reciente. La promesa de un ciclo de mayor dinamismo, sustentada por incentivos a la inversión privada, parece lejana mientras los datos reflejan un estancamiento que aún no muestra signos de mejora. El Gobierno insiste en que la economía podría retomar el crecimiento en el segundo semestre, pero las cifras actuales no respaldan esta esperanza.

El riesgo de una recesión técnica se está haciendo inminente, con el PIB del primer trimestre cayendo en un 0,5 %, y todo depende de lo que arroje el informe del segundo trimestre, que se cierra en junio. Si la tendencia negativa continúa, Chile formalmente entraría en una recesión técnica, un escenario que pondría más presión sobre la gestión económica del actual Gobierno. Silva destaca que, aunque la minería es la principal responsable del descenso –con una caída de más del 11% en la producción debido a la baja en los precios del cobre– la economía no está en colapso total. Excluyendo la minería, otros sectores aún presentan un crecimiento modesto del 0,7 %, lo que sugiere que los problemas económicos son en gran medida sectoriales y no generalizados.

Sin embargo, la situación del mercado laboral es motivo de gran preocupación, con una tasa de desempleo que alcanzó el 9,4 %, el nivel más alto en casi cinco años. En áreas como la Región Metropolitana, esta cifra sube a un 9,8 %. Esta creciente tasa de desocupación no solo representa un número alarmante, sino que también contribuye a la disminución del consumo, profundizando el ciclo negativo. La restricción del crédito en el sector bancario, que se ha vuelto aún más estricta, limita las posibilidades de inversión y consumo en un momento crítico en que la economía necesita precisamente un impulso en contrario.

A pesar de un panorama desalentador, algunos sectores como el comercio minorista y la venta de automóviles siguen registrando cifras positivas, lo que dificulta una comparación total con la crisis provocada por la pandemia. Silva aclara que, aunque la economía no está en un colapso generalizado como en 2020, persisten graves desafíos, con cinco meses de retrocesos consecutivos, un desempleo creciente, y bajas expectativas de crecimiento. El Gobierno aún espera una recuperación durante el segundo semestre, pero transformar estas expectativas en resultados tangibles para las familias y el mercado laboral sigue siendo el principal reto de la administración actual.

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