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Panda enjaulado: ¿Es justo traer uno a Chile por turismo?

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Organizaciones animalistas han expresado su enérgico rechazo a la iniciativa del Buin Zoo que busca traer un panda gigante a Chile, calificando esta estrategia como un intento de marketing camuflado de un «sueño país». Este bioparque inició una campaña para reunir un millón de firmas que demuestren el interés del público en la llegada de este ejemplar, argumentando que las firmas serían un apoyo contundente ante las instancias pertinentes. Sin embargo, los críticos sostienen que esta propuesta ignora las realidades complejas de conservación y bienestar animal, desvirtuando la esencia de lo que significa proteger a una especie vulnerable y en peligro como el panda.

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El grupo Derecho y Defensa Animal enfatizó que «un panda no es una atracción turística» ni un mero decorado para atraer visitantes al zoológico. En su comunicado, recordaron que los pandas, siendo animales silvestres, tienen necesidades ecologías altamente específicas que no pueden ser satisfechas en un ambiente enjaulado. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) protege a estos animales, permitiendo su traslado solo en circunstancias excepcionales y siempre en el marco de la conservación, no para fines comerciales. Esto plantea un serio dilema sobre la ética de traer a un panda a un entorno que no representa su hábitat natural.

Desde la Fundación Abogados por los Animales (APLA), se puntualizó que el costo de mantener a un panda en Chile superaría el millón de dólares anuales, suma que podría ser mucho mejor utilizada para proteger la fauna nativa del país. Además, cuestionaron la viabilidad de tener a un solo panda, recordando que estos animales son sociales y requieren compañía para prosperar. La angustia de acoger a un panda, viviendo solo en un ambiente que no es el adecuado para él, contradice el objetivo de conservación que se procura defender. Las condiciones climáticas en Chile, muy diferentes a su hábitat de origen en China, también representarían un riesgo significativo para la salud y bienestar del animal.

Las alarmas sobre la situación del Buin Zoo se han encendido especialmente después de la pandemia, cuando el zoológico enfrentó serias dificultades financieras. La dependencia del ingreso por visitantes reveló la fragilidad de un modelo que prioriza el entretenimiento sobre el bienestar de los animales. Las declaraciones de Camila Ahumada reflejan la preocupación de que el bienestar animal no debe estar en riesgo por consideraciones financieras, indicando que la crisis dejó al descubierto un modelo que no es sostenible. Esto ha generado un rechazo creciente entre los ciudadanos, quienes están cada vez más conscientes de la necesidad de un enfoque más ético en la relación con los animales.

Esta creciente oposición se ha manifestado en la campaña «No al panda gigante en Buin Zoo. Chile sueña con proteger su fauna nativa», la cual ha recolectado un número significativo de firmas en la plataforma Change.org. Los animalistas resaltan que Chile tiene una diversidad biológica rica y que, en lugar de buscar atraer un panda a su zoológico, debería enfocar su energía y recursos en la conservación de sus propias especies nativas, que también requieren atención y protección. En este contexto, el llamado no es solo a evitar la llegada del panda, sino a replantear lo que realmente significa una conservación efectiva y ética en el país.

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