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Precipitaciones en Chile: ¿Cómo afectarán a la agricultura y las frutas?

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Las fuertes precipitaciones que han azotado a Chile en los últimos meses están generando preocupación entre los expertos de la Universidad de Chile, quienes advierten sobre las posibles repercusiones en la producción de frutas y las cosechas futuras. Según un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Agronómicas, las lluvias no solo afectan a los cultivos, sino que también causan daños significativos en los suelos y raíces, creando un ambiente propicio para la proliferación de diversas enfermedades. Óscar Seguel, un destacado especialista en el área, aseguró que las crecidas de agua pueden resultar en la pérdida de suelo o incluso el entierro de cultivos por materiales depositados, lo que a su vez llevará a un daño inevitable en la producción agrícola.

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La académica Marcela Esterio, por su parte, augura una complicada temporada para la fruta, específicamente para la cosecha que comenzará en 2026-2027, alertando sobre las consecuencias de las lluvias que se registraron durante los meses de marzo y julio. Durante su análisis, Esterio mencionó que las lluvias de marzo generaron pérdidas superiores al 30% en la producción de uva, debido a la aparición de pudriciones en parrales situados en el Valle de Colchagua. Este escenario desalentador se ve agravado por el auge de infecciones que las recientes precipitaciones han propiciado, aumentando de forma alarmante el riesgo de enfermedades ocasionadas por bacterias y hongos en diversas especies frutales.

A pesar del panorama sombrío que enfrenta la producción frutal, también hay luces de esperanza. Rodrigo Callejas, otro académico de la Universidad de Chile, destaca que las lluvias han contribuido a mitigar el problema de la sequía que ha afectado la región, sobre todo en Coquimbo. Por primera vez en mucho tiempo, los embalses y napas freáticas han mostrado signos de recuperación. Según datos recientes, al 3 de agosto se registró un 18% más de agua acumulada en comparación con el año anterior, una cifra que podría aumentar durante la primavera gracias a las reservas de nieve acumuladas en las cordilleras.

No obstante, los especialistas advierten que es crucial tomar medidas para proteger los cultivos ante nuevas lluvias, las cuales podrían acentuar la saturación del suelo y poner en riesgo las raíces de las plantas. Para ello, se recomienda la implementación de sistemas de drenaje adecuados y evitar la compactación del suelo, acciones que son esenciales para garantizar la salud de los cultivos en un contexto donde los cambios climáticos generan inestabilidad en las condiciones meteorológicas. El manejo adecuado de los suelos podría ser la clave para salvaguardar las cosechas y minimizar los daños que esta temporada de lluvias ha dejado.

Finalmente, los retos que se presentan en el sector frutal chileno no son exclusivamente negativos, ya que la situación actual también puede ser una oportunidad para innovar en técnicas de cultivo y manejo del agua. Si los productores pueden adaptarse a las nuevas condiciones climáticas, es posible que se logre un equilibrio que fomente la producción frutal sostenible en el largo plazo. Las universidades y centros de investigación tienen un papel crucial en guiar a los agricultores a través de esta transición, brindando las herramientas necesarias para enfrentar estos desafíos con resiliencia y creatividad.

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