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Las novedades del mundo del reciclaje explicadas por Alejandro Hernández

Experto en reciclaje chile

El experto chileno explica cómo la biotecnología, la química de materiales y la ingeniería se unen para transformar la gestión de residuos, abriendo caminos hacia un futuro más sostenible y eficiente.

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El reciclaje es una de las estrategias más importantes para proteger el medio ambiente y reducir el impacto de la actividad humana sobre los recursos naturales. Sin embargo, el reciclaje no es solo una cuestión de separar y reutilizar los materiales, sino también de aprovechar al máximo su potencial y valor. 

En este sentido, la innovación juega un papel fundamental, ya que permite desarrollar soluciones creativas y eficientes para transformar los residuos en recursos. Así, la innovación en reciclaje contribuye a fortalecer la economía circular, un modelo que busca minimizar la generación de desechos y maximizar el aprovechamiento de los materiales.

En este artículo, el experto en reciclaje, Alejandro Hernández Toro, presenta tres proyectos que son ejemplos de innovación en reciclaje, que han logrado resultados sorprendentes y que tienen un gran impacto ambiental y social. 

“Estos proyectos abordan diferentes tipos de residuos, desde la basura electrónica hasta los neumáticos y el poliestireno, y demuestran la capacidad de la ingeniería y la ciencia para ofrecer soluciones sostenibles a problemas complejos”, explica Hernández.

Bacterias “Devora-Electrónicos”: Una Solución Biológica para la Basura Electrónica

La basura electrónica es uno de los mayores desafíos ambientales de nuestro tiempo, ya que representa una fuente de contaminación y de desperdicio de recursos. Según la ONU, se generan unos 50 millones de toneladas de basura electrónica al año, de las cuales solo el 20% se recicla adecuadamente. 

El resto termina en vertederos o en países en desarrollo, donde se quema o se desmonta de forma informal, liberando sustancias tóxicas y afectando la salud de las personas y el medio ambiente.

Ante esta situación, un equipo de ingenieros de la Universidad Politécnica de Cataluña ha desarrollado una solución biológica para reciclar la basura electrónica. Se trata de un proceso que utiliza bacterias capaces de extraer y recuperar metales preciosos como el oro, la plata o el cobre de los dispositivos electrónicos. 

Estos metales tienen una alta demanda y un alto valor, pero su extracción minera implica un gran consumo de energía y agua, así como una gran emisión de gases de efecto invernadero. Por eso, el reciclaje de estos metales es una alternativa más sostenible y rentable.

El proceso consiste en triturar los dispositivos electrónicos y someterlos a un tratamiento biológico con una mezcla de bacterias y nutrientes. Las bacterias se encargan de disolver los metales y de separarlos de otros componentes. 

Luego, se aplica un proceso de electroquímica para recuperar los metales en forma de polvo o de láminas. El proceso es eficiente, económico y ecológico, ya que no genera residuos peligrosos ni emisiones contaminantes.

Según Alejandro Hernández, este proyecto es una muestra de cómo la biotecnología puede ser una herramienta poderosa para el reciclaje: “Las bacterias son capaces de hacer lo que nosotros no podemos hacer con métodos convencionales. Son capaces de acceder a lugares donde los metales están atrapados y de liberarlos sin dañar el medio ambiente. Es una forma de imitar a la naturaleza y de aprovechar su sabiduría”, afirma.

Neumáticos Reciclados en Baterías de Autos: Innovación Sustentable desde Chile

Los neumáticos son otro tipo de residuo que representa un problema ambiental, ya que su disposición final suele ser inadecuada y su reciclaje es limitado. Según la Organización Mundial de la Salud, se producen unos 1.500 millones de neumáticos al año, de los cuales solo el 30% se recicla. 

El resto se acumula en vertederos, donde ocupan espacio, generan gases tóxicos y favorecen la proliferación de vectores de enfermedades. Además, los neumáticos contienen materiales que pueden ser reutilizados para otros fines, como el caucho, el acero o el carbono.

En este contexto, una empresa chilena llamada T-Phite ha desarrollado una innovación que permite convertir los neumáticos en desuso en materiales para baterías de vehículos eléctricos. 

En colaboración con Sustrend Laboratory, una empresa de investigación y desarrollo, han creado un proceso que extrae el carbono de los neumáticos y lo transforma en un material llamado grafeno, que tiene propiedades únicas para la conducción eléctrica. El grafeno se utiliza como un componente de los electrodos de las baterías de litio, que son las más utilizadas en los vehículos eléctricos.

Esta innovación no solo ofrece una solución al problema de los neumáticos desechados, sino que también contribuye a una producción de baterías más sostenible. Actualmente, la mayoría de las baterías de litio se fabrican con materiales importados, como el cobalto, que tienen un alto costo y un alto impacto ambiental. 

Al utilizar el grafeno obtenido de los neumáticos, se reduce la dependencia de estos materiales y se abarata el costo de las baterías. Además, se fomenta la transición hacia la electromovilidad sostenible, que es una de las metas del país para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Para Hernández Toro, este proyecto es un ejemplo de cómo la innovación puede ser clave en la transición hacia la electromovilidad sostenible: “Los vehículos eléctricos son una alternativa más limpia y eficiente que los vehículos de combustión, pero también tienen un impacto ambiental asociado a la producción de sus baterías. Por eso, es importante buscar formas de reducir ese impacto y de aprovechar los recursos locales. Este proyecto demuestra que es posible hacerlo, utilizando un residuo que tiene un gran potencial y que puede convertirse en un recurso valioso”, señala.

Avance en el Reciclaje de Poliestireno: Hacia una Economía Circular en Chile

El poliestireno es un tipo de plástico que se utiliza ampliamente en la industria y en el consumo, debido a sus propiedades de aislamiento, resistencia y ligereza. Sin embargo, también es uno de los plásticos más difíciles de reciclar, ya que tiene una baja densidad y una alta resistencia química. 

Según la Asociación Nacional de la Industria del Plástico, se producen unos 6 millones de toneladas de poliestireno al año, de las cuales solo el 1% se recicla. El resto se desecha en vertederos o en el medio ambiente, donde tarda cientos de años en degradarse y genera contaminación visual y ambiental.

Ante esta realidad, un equipo de la Universidad de Chile ha logrado un avance en el reciclaje de poliestireno, que abre nuevas posibilidades para el aprovechamiento de este material. Se trata de un proceso de pirólisis catalítica, que consiste en someter el poliestireno a altas temperaturas y a la acción de un catalizador, que acelera la reacción química. 

El resultado es la obtención de estireno, que es el monómero del poliestireno, es decir, la unidad básica que lo forma. El estireno se puede reutilizar para fabricar nuevos productos de poliestireno o de otros plásticos, cerrando así el ciclo de vida del material.

Este proceso es novedoso, ya que hasta ahora no existía una forma de reciclar el poliestireno de forma eficiente y rentable. Los métodos existentes se basaban en la compactación o la incineración del material, que generaban residuos o emisiones contaminantes. 

El proceso de pirólisis catalítica, en cambio, es limpio, rápido y económico, ya que no requiere de mucha energía ni de aditivos químicos. Además, permite recuperar el 100% del poliestireno y obtener un producto de alta calidad y pureza, que se puede utilizar para fabricar nuevos productos de poliestireno o de otros plásticos, cerrando así el ciclo de vida del material.

“Estos tres proyectos son ejemplos de cómo la innovación en reciclaje puede generar beneficios ambientales, sociales y económicos. Al reciclar la basura electrónica, los neumáticos y el poliestireno, estos proyectos no solo reducen la cantidad de residuos que se generan y se desechan, sino que también recuperan materiales valiosos que se pueden reutilizar para fabricar nuevos productos. Así, estos proyectos contribuyen a fortalecer la economía circular, un modelo que busca optimizar el uso de los recursos y minimizar el impacto ambiental”, concluye Alejandro Hernández.

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