La reciente victoria de Jeannette Jara en las primarias del oficialismo ha evidenciado las profundas divisiones políticas en Chile. La candidatura de Jara, la primera comunista con posibilidades reales de llegar a La Moneda, ha desencadenado una vehemente reacción de la derecha radical. Figuras prominentes como Johannes Kaiser del Partido Nacional Libertario y Evelyn Matthei de la UDI han utilizado un lenguaje incendiario, acusando a Jara de ser un peligro para la democracia. Este tipo de retórica, que recuerda a la propaganda de personajes históricos como Joseph Goebbels, subraya la estrategia de la derecha, que parece más preocupada por fomentar el miedo que por debatir propuestas concretas. En un contexto en el que el anticomunismo se reaviva, es fundamental preguntarse: ¿qué amenazas reales enfrenta la democracia chilena?
Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, plantea un contrapeso a las acusaciones contra el Partido Comunista, afirmando que el actual clima anticomunista en Chile es irracional y exagerado. Según el académico, el PC ha sido parte de la historia democrática del país y ha gobernado en diversas ocasiones sin caer en dictaduras. El temor que despiertan las figuras comunistas en la derecha parece más un reflejo de las inseguridades de ciertos sectores, que una respuesta fundamentada en antecedentes históricos. El miedo a lo que representa Jara puede estar alimentado por el deseo de proteger privilegios más que por preocupaciones reales sobre el futuro democrático del país.
En un contexto donde el discurso anticomunista se reconfigura constantemente, encontramos voces críticas que cuestionan la narrativa impuesta por la derecha. Históricos como Ignacio Walker han emparejado a Jara con líderes reformistas que han contribuido a la democracia chilena, como Pedro Aguirre Cerda. Pero la reacción de la ultraderecha, que incluye amenazas de apoyar golpes de Estado como lo han hecho figuras como Kaiser y Matthei, revela una lucha más profunda por el control del discurso político. La tergiversación de la historia y la creación de un enemigo interno son tácticas que restan valor a un debate político saludable basado en ideas y propuestas.
La historiadora Lucía Santa Cruz aborda el anticomunismo desde una perspectiva distinta, señalando que el Partido Comunista opera como una Ā«religión secularĀ» incompatible con la democracia. Sin embargo, este argumento se enfrenta a la realidad de la trayectoria del PC, que ha sido parte de gobiernos plurales. Rafael Sagredo, en un análisis reciente, compara el actual contexto político con las campañas del terror de épocas pasadas, sugiriendo que el miedo ha sustituido al discurso programático por mucho tiempo, lo que podría resultar en una paralización del debate democrático en lugar de enriquecerlo.
De cara a las elecciones de 2025, la campaña de Jeannette Jara se presenta como un desafío tanto para su partido como para la historia reciente de Chile. Su candidatura podría representar un cambio significativo si logra romper las barreras impuestas por el discurso de odio de la derecha radical. Con una crítica cada vez más fuerte al uso del miedo como herramienta política, la situación actual invita a reflexionar sobre si el electorado chileno se inclinará por seguir el guion anticomunista o elegir un camino basado en propuestas y hechos concretos. La decisión de los ciudadanos puede tambalear el fervor radical de algunos sectores y, quizás, abrir paso a una nueva etapa en la política chilena.



