Los recientes hallazgos de investigaciones periodísticas han puesto de relieve el oscuro funcionamiento de redes vinculadas a la derecha radical chilena, que operan mediante la desinformación y la misoginia para alterar la discusión pública. Estas prácticas digitales, que han cobrado visibilidad en los últimos tiempos, no se limitan a interacciones aisladas en redes sociales, sino que representan una estrategia organizada para debilitar y atacar a figuras políticas, especialmente a mujeres que emergen como líderes o referentes en el ámbito político. Perfiles como @DresTrump y @Kasterizador son ejemplos claros de este fenómeno, ya que se dedican a hostigar no solo a mujeres de la política, como la reconocida Evelyn Matthei, sino también a cualquier figura femenina que represente ciertos ideales de liderazgo.
La estrategia de deslegitimación y ataque sistemático tiene un propósito evidente: debilitar la voz de las mujeres en una esfera que históricamente ha sido dominada por hombres. La investigación realizada por la revista Doble Espacio (2023) y otros medios como El Mostrador (2025) revela que estos discursos de odio están íntimamente conectados con campañas políticas que buscan favorecer a candidatos de la derecha. A través del uso de bots, cuentas troll y la difusión de fake news, se construye una narrativa que no solo denigra a las oponentes, sino que también busca consolidar una imagen de fuerza y homogeneidad dentro de la ultraderecha chilena.
El caso de Evelyn Matthei es un claro ejemplo de cómo estas tácticas se despliegan en la estrategia política chilena. La exalcaldesa de Providencia ha denunciado una campaña orquestada que incluye la manipulación de contenidos audiovisuales para propagar rumores infundados sobre su salud, en específico insinuaciones de que podría padecer Alzheimer. Esta deformación de la realidad a través de herramientas digitales no es únicamente un ataque personal, sino que tiene una resonancia más amplia en la percepción pública y en el discurso político general, en donde la mujer es nuevamente atacada en su capacidad y credibilidad.
Las declaraciones de Matthei resaltan una inquietante realidad: las agresiones a las mujeres en la política son también un reflejo del machismo imperante en la sociedad chilena. En sus propias palabras, las actitudes de desdén y descalificación que enfrenta son prueba de cómo se juzga a las mujeres por exhibir determinación y liderazgo, duplicando así las exigencias y cuestionamientos que típicamente no recaen sobre sus contrapartes masculinos. Esta dinámica fue evidenciada cuando Matthei mencionó que «si un hombre se pone firme es porque tiene carácter y una es histérica», lo que refleja la arraigada misoginia que sigue permeando el discurso político en Chile.
A pesar de las afirmaciones de José Antonio Kast, lider del Partido Republicano, quien negó cualquier vínculo con estos actos de hostigamiento, el incidente subraya la urgente necesidad de abordar el problema de la desinformación y la misoginia en el ámbito digital. La proliferación de discursos de odio y ataques dirigidos a mujeres en política plantea un reto significativo para su participación en el debate público y podría tener repercusiones duraderas en la representación política. Las redes sociales, que debían ser un espacio de empoderamiento y diálogo, se están convirtiendo en focos de intolerancia y violencia de género, lo que demanda una respuesta colectiva tanto a nivel político como social para salvaguardar la equidad y la diversidad en la esfera pública.



