Osorno está al borde de un estallido cultural, luego de la reciente decisión del Festival de Teatro de Osorno 2025 de excluir, por segundo año consecutivo, a las compañías teatrales locales de su programación. A pesar de que el evento, programado para los días 29 a 31 de julio en el Hotel Sonesta, destina recursos públicos significativos, solo presentará obras provenientes de la capital. Esta situación ha provocado una creciente indignación entre los artistas locales, quienes ven en esta exclusión una falta de respeto y reconocimiento a su esfuerzo y talento, generando un debate sobre la verdadera esencia de la cultura en la región.
Daniela Oliva Riveros, una prominente figura del teatro en Osorno, ha alzado la voz criticando lo que considera una grave omisión de las autoridades hacia el trabajo de las compañías locales. «La programación carece de un proceso de curaduría claro y deja fuera las producciones regionales y locales», enfatiza Oliva. La artista también destacó a compañías como «Teatro 40» y «Mirasur», cuyos esfuerzos y montajes han sido sistemáticamente ignorados. Para ella, esta situación no solo obstaculiza el crecimiento del teatro local, sino que también demuestra un desconocimiento evidente de la riqueza cultural que la escena osornina ha desarrollado a lo largo de los años.
Ana María Lemu, integrante de Teatro Mirasur, profundiza en la angustia que siente la comunidad artística: «Hoy, nuestras autoridades dan la espalda al esfuerzo de tantas generaciones que han trabajado por el arte en este territorio». En un tono crítico, Lemu describe su experiencia con un concurso organizado por el festival, donde los artistas se sintieron atrapados en un juego fútil e injusto, pues no obtuvieron ni una respuesta a su trabajo. «No hay respeto ni consideración hacia quienes hacemos teatro aquí, es un portazo en nuestras narices», afirma. Su llamado resuena como un grito de desesperación, demandando comunicación y retroalimentación, que a su juicio son mínimos esfuerzos que no han sido proporcionados por las autoridades.
Lemu también resalta la necesidad de valorar a los artistas locales que con esfuerzo y dedicación sostienen sus proyectos artísticos. Menciona a Daniela Oliva y su papel en la formación de nuevos talentos que emergen en la región. «Osorno se está posicionando como un territorio teatral, pero nuestras autoridades se muestran indiferentes a esta realidad», denuncia. Ella se dirige directamente al alcalde, recordándole que hay profesionales en la ciudad listos para colaborar y participar en festivales, y que el potencial local nunca debería ser subestimado ni denegado. El uso de recursos para traer compañías de Santiago en lugar de invertir en el desarrollo local ha causado una profunda frustración en los artistas.
El escultor Alfonso Moya, quien ha logrado reconocimiento a nivel nacional e internacional, aboga por una mayor valoración del arte local. Moya, al llegar a Osorno, se encontró con una comunidad vibrante y llena de talentos, pero también con una realidad marcada por la precariedad y la falta de apoyo institucional. «Lo que vemos es una exclusión permanente de las propuestas locales, una tendencia que el festival ha reflejado nuevamente». Moya critica la noción de calidad impuesta desde Santiago, señalando que la verdadera calidad se construye desde la comunidad y el respeto por los artistas locales. Para él, la situación actual del festival es un claro ejemplo de cómo las decisiones culturales pueden perpetuar la exclusión y limitar el desarrollo cultural en lugares con un rico potencial artístico.



