El reportaje de The New York Times destaca la intensa batalla que se libra en el Desierto de Atacama, Chile, donde el astrónomo Eduardo Unda-Sanzana se ha convertido en un defensor incansable de la oscuridad. Este desierto es considerado el mejor lugar del planeta para la observación astronómica, pero la amenaza de la contaminación lumínica está poniendo en jaque esta invaluable reserva natural. La luminosidad artificial proveniente de las ciudades cercanas y de proyectos industriales como el nuevo mega proyecto energético de AES Andes pone en riesgo la pureza de los cielos del norte de Chile, lo que podría significar una pérdida irreversible no solo para la astronomía chilena, sino para la comunidad científica mundial.
Unda-Sanzana, director del departamento de astronomía en la Universidad de Antofagasta, ha dedicado su carrera a estudiar el impacto negativo que la contaminación lumínica tiene en el medio ambiente y la vida del ser humano. Su trabajo ha revelado que las luces artificiales no solo afectan los cielos, alteran los ritmos circadianos de los humanos y alteran los patrones de migración de las aves. Consciente de este problema, ha mapeado diversas áreas afectadas y ha llevado su mensaje a foros internacionales, buscando concienciar sobre la necesidad de proteger este recurso natural esencial.
Entre sus logros más destacados está la obtención de legislación chilena que regula las emisiones de luz artificial, un avance que le ha valido el reconocimiento global y el nombramiento de un asteroide a su nombre por parte de la Unión Astronómica Internacional. Sin embargo, la llegada del proyecto INNA, capaz de producir combustibles de hidrógeno a escasos kilómetros de uno de los telescopios más avanzados del mundo, representa un retroceso considerable. Experts como Itziar de Gregorio han definido este hito como ‘catastrófico’, afirmando que podría desperdiciar años de inversión y esfuerzo en investigaciones astronómicas.
El desierto de Atacama alberga algunos de los telescopios más importantes del mundo, incluidos el Very Large Telescope y el futuro Extremely Large Telescope, que podrían proporcionar respuestas sobre la existencia de vida en otros planetas. El Dr. Unda-Sanzana enfatiza que la pérdida de la oscuridad en este lugar no solo significaría un golpe para las investigaciones en curso, sino que afectaría a la humanidad en su conjunto, ya que no hay otro lugar que pueda sustituir estas condiciones óptimas para la observación astronómica. Su llamado a proteger el Atacama resuena con la idea de que el conocimiento científico debe prevalecer sobre los intereses económicos inmediatos.
Mientras la evaluación ambiental del proyecto INNA avanza, la comunidad científica y los defensores del medio ambiente se unen en la lucha por preservar el cielo oscuro de Atacama. Unda-Sanzana advierte que debe haber un camino hacia la coexistencia entre la generación de energía renovable y la protección de este invaluable recurso. La historia de la batalla por mantener la oscuridad en los cielos del norte de Chile se desarrolla no solo como un conflicto local, sino como una cuestión que concierne a toda la comunidad científica internacional, que depende de la continuidad de un espacio propicio para la exploración del cosmos.



