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La Corazonada: Cine Chileno desde la Realidad

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Durante el 32° Festival de Cine de Valdivia, la película «La Corazonada» llamó la atención por su peculiar enfoque en el amor y las relaciones humanas. En una conversación con su director, Diego Soto, se exploró el ingenio detrás de hacer cine con recursos limitados, así como la manera en que su trabajo refleja la realidad. Soto enfatizó que sus películas siempre surgen de personas y lugares reales, y a partir de ahí, se construyen relatos que invitan a la exploración de las emociones y la intimidad. Esta vez, el director eligió a sus tíos, Natacha y Germán, que llevan 25 años de casados, como los protagonistas de una historia que busca capturar la chispa de un amor que se reencontrara en una etapa tardía de la vida.

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La metodología del rodaje fue inusual y creativa, ya que se filmaba en intervalos de tiempo, lo que llevó a un diálogo constante entre el equipo y el material filmado. Soto describió el proceso como un juego; exploraban cómo los dos personajes, inicialmente en una especie de reticencia el uno hacia el otro, iban descubriendo sus emociones. La estructura narrativa no solo se enfocó en la relación entre Nieves y Enrique, nombres ficticios de los protagonistas, sino en cómo el proceso de acercarse y conocer a alguien puede ser una travesía llena de giros y sorpresas. Este enfoque orgánico permite que los actores revelen aspectos de sí mismos, creando una narrativa casi documental en la ficción.

En un momento de la conversación, Soto mencionó que la esencia de su cine radica en «sacar verdad por mentira», un concepto que refleja la naturaleza del arte como un reflejo de la vida misma. Esta idea se traduce también en una crítica a la manera en que el cine convencional a menudo busca seducir al público con producciones costosas y estéticamente elaboradas. En contraste, su visión es aprovechar la belleza de lo cotidiano y lo auténtico, explorando lugares y situaciones que a menudo son pasados por alto. La grabación en localidades regionales, como Doñihue, se convierte en un acto político que desafía la percepción hegemónica de Santiago como epicentro de la cultura chilena.

Al abordar el papel del equipo de producción, Soto compartió que su trabajo se basa en un nivel alto de incertidumbre, donde cada día de filmación puede revelar nuevos desafíos y oportunidades. En lugar de adherirse a un guion rígido, Soto se permitió adaptar la narración según las interacciones espontáneas que surgían durante el rodaje, llevando a un resultado final que pueda parecer más pulido y elaborado de lo que realmente fue. Esta búsqueda constante de «robar valor de producción» de la realidad en lugar de seguir fórmulas establecidas refleja una resistencia a las convenciones del cine contemporáneo, y su deseo de retratar una versión auténtica de la vida chilena.

Finalmente, Diego Soto reflexionó sobre la necesidad de que el cine chileno se desvirtualice de las narrativas hegemónicas impuestas desde fuera. Hizo hincapié en la importancia de conectar con un público local que muchas veces es desatendido por producciones orientadas a festivales internacionales. Al hacerlo, no solo se desafían los estereotipos culturales, sino que se brinda una plataforma para que las voces y los relatos regionales sean escuchados y valorados. «La Corazonada», en su esencia, se convierte en un medio para cuestionar y redifinir las ideas sobre el amor, la conexión y la identidad en un contexto que desafía las expectativas establecidas.

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