Chile se enfrenta nuevamente a una crisis ecológica y social sin precedentes, marcada por los devastadores megaincendios que se desataron el 17 de enero de 2026 en las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía. Estos incendios, que parecen avanzar sin control, han llevado a la evacuación forzada de comunidades enteras y han dejado un rastro de destrucción, pérdidas de vidas y un profundo sentimiento de angustia entre los habitantes de las áreas afectadas. En medio de esta emergencia, líderes locales como Camila Arriagada han señalado al modelo forestal que se basa en la plantación de monocultivos de especies exóticas como una de las principales causas estructurales de esta catástrofe. Según Arriagada, es imperativo revaluar este enfoque y considerar los serios riesgos asociados a la cercanía de estas plantaciones con los asentamientos humanos.
Un informe crucial del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) elaborado por un equipo interdisciplinario ha revelado datos alarmantes sobre el impacto de las plantaciones de pinos y eucaliptos en el territorio nacional. Este estudio detalla que aproximadamente tres millones de hectáreas en Chile están cubiertas por estas especies, las cuales no solo han resultado en la pérdida de bosque nativo, sino que también han contribuido a la reducción de los caudales de agua vitales y han creado condiciones favorables para la ignición de grandes incendios. Contrario a la narrativa de la industria forestal, que promueve estas plantaciones como soluciones para la captura de carbono, el informe del CR2 sostiene que, debido a los ciclos cortos de cosecha, el carbono almacenado regresa rápidamente a la atmósfera, transformando estas plantaciones en emisores de carbono en lugar de su supuesta función de sumideros.
La naturaleza homogénea de los paisajes dominados por plantaciones de especies exóticas ha creado un escenario propicio para la propagación de incendios. Desde 2010, más del 80% de los megaincendios en Chile han ocurrido en áreas donde predominan estos monocultivos, que actúan como un manto continuo de combustible inflamable. Además, las características biológicas de los pinos y eucaliptos, como sus aceites inflamables y la capacidad de promover la propagación del fuego, hacen que su presencia en el paisaje incremente significativamente el riesgo de incendios. Estas condiciones, combinadas con el cambio climático, han generado un contexto en el que los megaincendios se han convertido en un evento recurrente y devastador, un claro síntoma de las fallas en el manejo forestal del país.
A pesar de la abrumadora evidencia científica que sugiere la necesidad de un cambio estructural, la respuesta de la industria forestal ha sido más bien defensiva, buscando mantener su modelo en lugar de cuestionarlo. Grupos como CMPC y Arauco, a través de la Corporación Chilena de la Madera (Corma), han explorado nuevos enfoques para presionar al gobierno en favor de la expansión agrícola, disfrazando sus acciones bajo la retórica de la “sostenibilidad”. Mientras tanto, planes de reactivación forestal que se enfocan en reforestar sin diferenciar entre bosque nativo y plantaciones de monocultivos desconectan aún más la realidad de los territorios rurales, dejando sin abordar las causas fundamentales de esta crisis ecológica y social.
La gobernanza del riesgo de incendios en Chile ha mostrado signos alarmantes de fragmentación. La coordinación entre los organismos públicos encargados de gestionar las emergencias no se ha traducido en una inclusión efectiva de las comunidades locales en el proceso de toma de decisiones. Un análisis del CR2 destacó cómo las narrativas en torno al riesgo están desconectadas, lo que impide la creación de estrategias efectivas que consideren la voz de las comunidades afectadas. Ante este panorama, es urgente que se lleve a cabo un cambio en el paradigma de manejo de incendios, favoreciendo enfoques que integren la diversidad ecológica y busquen restaurar los ecosistemas nativos, así como fomentar una planificación territorial que priorice el bienestar de las comunidades sobre los intereses económicos de la industria forestal.








