En el marco del séptimo día de intensos combates entre Estados Unidos e Israel contra Irán, el sur del Líbano se encuentra inmerso en una crisis humanitaria sin precedentes. Las Fuerzas de Defensa de Israel han incrementado significativamente sus bombardeos y han emitido órdenes de evacuación que afectan a decenas de aldeas, extendiéndose incluso a los suburbios de Beirut y toda la región al sur del río Litani. El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, ha amenazado con que la devastación en el área será comparable a la de Khan Younis en Gaza, provocando pánico entre la población civil que ya sufre la realidad de la guerra. La periodista Lylla Younes ha hecho eco de estas preocupaciones, señalando que muchos en Líbano temen la posibilidad de una limpieza étnica en curso.
La situación es desoladora para cientos de miles de civiles que se ven forzados a abandonar sus hogares sin saber adónde dirigirse. Refugios temporales están colapsando bajo la presión de la afluencia masiva de desplazados, mientras que muchas familias están obligadas a pasar las noches al raso, expuestas a las inclemencias del invierno. El testimonio desgarrador de Aliyeh Hijazi, madre de diez hijos, refleja la angustia colectiva, al describir la confusión y la desesperación de no tener un lugar seguro al que acudir. Las cifras son alarmantes: según el Ministerio de Salud libanés, la agresión israelí ha resultado en la muerte de 294 personas y más de mil heridos desde el inicio del conflicto, mostrando la crudeza de la realidad que enfrenta la población civil.
A medida que la situación se agrava, organizaciones de derechos humanos exigen rendición de cuentas por los crímenes que están ocurriendo. Omar Shakir, director ejecutivo de DAWN y exinvestigador de Human Rights Watch, ha instado a los Estados afectados, incluidos Irán y el Líbano, a presentar una declaración que permita a la Corte Penal Internacional investigar los presuntos crímenes de guerra. Shakir ha enfatizado la necesidad urgente de preservar evidencias sobre la impunidad que parece alentar al gobierno israelí, resaltando que la CPI podría actuar incluso sin el veto de Estados Unidos, ofreciendo una posible ruta hacia la justicia para las víctimas.
La ONU ha hecho sonar la alarma sobre el aumento de la violencia en el Líbano, llamando a todos los implicados a cesar hostilidades. Jeanine Hennis-Plasschaert, coordinadora especial de la ONU para el Líbano, advirtió que las operaciones militares en curso no traen victorias duraderas y solo exacerban la inestabilidad y el sufrimiento de las poblaciones afectadas. La situación previa, donde el país mostraba signos de progreso económico y político, se ha visto truncada repentinamente por la escalada del conflicto. Hennis-Plasschaert aboga por un enfoque enfocado en el diálogo y la contención como única salida posible para mejorar la crítica situación actual.
Por último, las violaciones al derecho internacional humanitario también forman parte del panorama sombrío que enfrenta el Líbano, con denuncias de fumigaciones criminales en áreas agrícolas. Euro-Med Human Rights Monitor ha documentado el uso de sustancias químicas por parte de aviones israelíes, lo que representa un riesgo importante no solo para los cultivos, sino para la salud de la población y el medio ambiente. Estos actos se inscriben en una estrategia más amplia de destrucción sistemática de territorios agrícolas, amenazando así el derecho fundamental a un nivel de vida adecuado y exacerbando la crisis humanitaria en la región. Las acciones reportadas claramente violan las leyes de la guerra, reflejando un patrón preocupante en el conflicto actual.








