Las preocupaciones sobre la regulación de las Nuevas Técnicas Genéticas (NTG) en la agricultura chilena han cobrado fuerza ante el temor de que cultivos como el trigo editado con CRISPR/Cas9 queden exentos de los controles tradicionales. Hasta el 13 de marzo, la Consulta Ciudadana del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) N.º 31.216/2025 busca recabar opiniones sobre un proyecto de resolución que podría facilitar la introducción de estas tecnologías sin los estándares rigurosos aplicados a los organismos genéticamente modificados (OGM). La comunidad científica y diversas organizaciones sociales han denunciado que la falta de un etiquetado claro podría poner en riesgo tanto la salud pública como la integridad de los sistemas agrícolas convencionales.
Las voces de alerta han sido contundentes, particularmente por parte de la Red de Acción en Plaguicidas de Chile (RAP-Chile) y otras organizaciones que abogan por una agricultura sostenible. María Elena Rozas, Coordinadora Nacional de RAP-Chile, subraya los riesgos inherentes a la edición genética, tales como mutaciones no intencionadas y la potencial contaminación genética entre cultivos editados y variedades tradicionales. Este fenómeno pondría en peligro la agricultura orgánica y agroecológica, que se fundamentan en una biodiversidad robusta y en el respeto por las formas tradicionales de cultivo.
Además, existen preocupaciones sobre la regulación de estos nuevos cultivos, que podrían skipar evaluaciones de riesgo críticas comúnmente requeridas para los OGM. Organizaciones como ANAMURI y OLCA han resaltado que la falta de trazabilidad y etiquetado limita el derecho de los consumidores y agricultores a conocer el origen de sus alimentos. La posibilidad de que estos cultivos promuevan un modelo agrícola enfocado en monocultivos también ha sido objeto de preocupación, amenazando la diversidad agrícola y la soberanía alimentaria en Chile.
En este contexto, las organizaciones han hecho un llamado a la ciudadanía a participar activamente en la consulta pública del SAG. La conducción de este debate, consideran, debe ser inclusiva y transparente, pues las repercusiones de la regulación de la edición genética en la agricultura son profundas. La participación ciudadana puede potencialmente influir en el marco regulatorio final, asegurando que los impactos ambientales, de salud y económicos sean considerados.
Finalmente, la discusión sobre las Nuevas Técnicas Genéticas va más allá de la innovación agrícola; es un asunto de justicia social y derechos de los consumidores. La comunidad científica y la sociedad civil tienen un papel fundamental en este proceso, que busca establecer un equilibrio entre el avance tecnológico y la preservación del patrimonio biológico y cultural del país. La falta de un enfoque regulatorio riguroso puede abrir la puerta a riesgos significativos, y es crucial que las consultas se tomen en serio para salvaguardar el futuro de la agricultura chilena.








