La madre de una niña víctima de abuso sexual ha hecho un llamado desesperado al Estado y al sistema de justicia tras la liberación de su agresor, C.A.C., debido a la desestimación de pruebas clave en un juicio que, según ella, nunca debió haber ocurrido. El caso se remonta a 2018, cuando la niña reveló los sufrimientos a los que fue sometida por su padre. A pesar de contar con informes contundentes del Servicio Médico Legal y del Programa de Reparación de Menores (PRM) que validaban el daño psicológico severo recibido por la menor, el tribunal absolvió al acusado. Esta decisión ha dejado a la madre, Daniela Villena, en un estado constante de vulnerabilidad y con su salud deteriorada.
A lo largo de estos años, Villena ha tenido que enfrentar un calvario judicial caracterizado por la indiferencia de la fiscalía y la falta de empatía en cada etapa del proceso. El camino estuvo plagado de obstáculos, tales como el cambio reiterado de fiscales asignados al caso y el rechazo del fiscal a reunirse con ella a pesar de tener pruebas necesarias para avanzar. En un momento crítico, la Defensoría de la Niñez fue incapaz de ejercer presión sobre la fiscalía para que se considerara su situación, lo que llevó a Villena a agotar todos los recursos disponibles para visibilizar su caso, incluyendo la producción de un video que denunciaba la impunidad sobre su hija.
El contexto de abandono institucional se agrava con el hecho de que Villena también sufrió agresiones físicas por parte de familiares del agresor, experiencias que, lejos de contribuir a su reclamación por justicia, le generaron más estrés y sufrimiento. A pesar de estos hechos, la respuesta de la fiscalía fue exigir pruebas que eran casi imposibles de conseguir, como grabaciones de cámaras de seguridad, lo que forzó a Villena a renunciar a sus denuncias por lesiones. Este ciclo de revictimización no solo afectó su salud física y emocional, sino que también minó sus recursos económicos, llevando a la venta de su auto y su negocio para costear los gastos legales.
El punto culminante de esta saga se dio en abril de 2022, cuando la Novena Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago desestimó un recurso de nulidad con el argumento de que las terapias reparadoras de la menor podían haber influido en su testimonio. La sentencia no solo cuestionó la credibilidad del relato de la niña, sino que tuvo en cuenta la historia de abuso de la madre para afirmar que podría haber transmitido un estado de desconfianza hacia los hombres a su hija. Esto ha generado una crítica furibunda hacia el sistema judicial por obviar las experiencias de víctimas reales y priorizar argumentos sin fundamento en lugar de las evidencias proporcionadas.
Finalmente, Daniela Villena se encuentra en una situación desesperante donde su salud se ha visto comprometida por el estrés y los traumas acumulados durante este proceso. Diagnosticada con hipotiroidismo severo y enfrentándose a la angustia de que el agresor pueda reclamar derechos sobre su hija, Villena ha tomado la posición de que esta lucha es más que una búsqueda de justicia personal, es un clamor para que el Estado reconsidere las falencias en su sistema judicial. «No puedo morir en paz sabiendo que él tiene acceso a ella», expresa con pesar. Su historia resuena como un llamado a la acción a las autoridades para que revitalicen esfuerzos en la protección de los derechos de los niños ante el abuso.








