La denuncia de Carolina Quevedo y el Sindicato de Papa John’s Chile ha revelado una alarmante cultura de precariedad y hostigamiento laboral en la cadena de pizzerías. Según Quevedo, la situación laboral en diversos locales de la Región Metropolitana se caracteriza por la falta de implementos adecuados, negligencia técnica y un entorno de trabajo hostil para quienes se atreven a exigir condiciones dignas. La situación se tornó crítica cuando se despidió a una madre bajo la amenaza de perder la custodia de su hijo, un acto que desafía la ética laboral y expone la vulnerabilidad de los trabajadores en la empresa.
Quevedo, quien se desempeñó como gerente de algunas sucursales, ha documentado condiciones de trabajo inaceptables, como el uso de máquinas cortadoras de vegetales cuya seguridad fue sustituida por lápices y el manejo de productos con las manos por falta de herramientas adecuadas. Además, los espacios de almacenamiento presentaban hongos y la falta de medidas de seguridad, como gomas antideslizantes en las escaleras, generaban un riesgo inminente tanto para los trabajadores como para los clientes. Estos problemas no solo evidencian una falta de responsabilidad por parte de la gerencia, sino que también ponen en entredicho el compromiso de la empresa con la seguridad y bienestar de sus empleados.
La situación se agravó cuando Quevedo tomó la iniciativa de trabajar más de 75 horas semanales para mejorar los indicadores de su tienda. Sin embargo, lejos de recibir el apoyo necesario, fue objeto de amenazas de amedrentamiento por parte de superiores que le advirtieron que debía mantener silencio sobre las deficiencias encontradas. Este tipo de prácticas son reprobables y refuerzan una cultura de miedo que permea la organización, desalentando a los empleados de abordar problemas críticos y, a su vez, impactando la calidad del servicio que se ofrece a los clientes.
El día 9 de enero, la situación alcanzó un punto crítico cuando Quevedo fue presionada para renunciar, utilizando como coacción la presencia de su hijo en el local laboral. La supervisora le insinuó que podría enfrentar problemas legales si no accedía, apelando a su temor de perder la custodia. Este acto de hostigamiento pone de manifiesto un patrón de discriminación de género y abuso de poder en la empresa, evidenciando cómo las trabajadoras son tratadas de manera desigual y con desventajas en el lugar de trabajo.
La denuncia de Carolina Quevedo ha sumado el respaldo de más de 30 testigos para su demanda legal, que se espera se escuche el próximo 26 de marzo. El Sindicato de Papa John’s está exigiendo a la empresa un reconocimiento del «derecho adquirido» de las madres trabajadoras y la eliminación de prácticas coercitivas. Quevedo busca que se anule su renuncia forzada y la se le otorgue su indemnización por años de servicio en condiciones adversas. La situación actual en Papa John’s refleja la necesidad urgente de reformar y proteger los derechos de los trabajadores, asegurando ambientes laborales dignos y equitativos.








