La reciente conmemoración del Día del Defensor del Medio Ambiente el pasado 17 de julio puso de manifiesto la compleja y peligrosa realidad que enfrentan los activistas ambientales en América Latina. Este año, el informe de Global Witness reveló que la región concentra un alarmante 85% de los asesinatos de defensores ambientales a nivel mundial. Colombia, Brasil, México y Honduras se destacan como los países más afectos, sin embargo, la situación de violencia se extiende a otras naciones como Chile, donde comunidades indígenas y activistas se encuentran bajo constante amenaza por resistir a proyectos que comprometen su entorno y medios de vida. La violencia institucional y el hostigamiento se han convertido en prácticas comunes que atentan contra quienes exigen justicia y protección ambiental en diversas localidades.
En Chile, la lucha por la defensa del medio ambiente es particularmente crítica. Organizaciones como No Más Zonas de Sacrificio han documentado la creciente criminalización de defensores ambientales, quienes enfrentan desde amenazas hasta persecuciones judiciales. Casos emblemáticos, como los de Julia Chuñil y Macarena Valdés, destacan la urgencia de proteger a quienes alzan la voz contra proyectos extractivos de alto impacto. El escenario que se vive no es meramente circunstancial; representa un patrón sistemático de agresiones que buscan silenciar a quienes defienden no solo su territorio, sino la dignidad y la memoria colectiva de sus comunidades.
La red No Más Zonas de Sacrificio enfatizó en sus redes sociales que la lucha ambiental en Chile está marcada por una resistencia constante, donde las figuras históricas como Nicolasa Quintremán y actuales como la machi Millaray Huichalaf simbolizan el desafío ante un Estado que prioriza intereses económicos por sobre el bienestar de sus ciudadanos. La falta de una ley integral que proteja a los defensores ambientales es un tema recurrente en el discurso de activistas y organizaciones, que insisten en que tal vacío legal contribuye a la impunidad con la que se cometen crímenes en contra de quienes defienden el medio ambiente.
La lista de defensores caídos y aquellos aún en la lucha es extensa, y el homenaje a figuras como Macarena Valdés y Camilo Catrillanca resalta la necesidad de visibilizar sus legados. La cultura de la resistencia se entrelaza con la defensa de los derechos humanos, y las nuevas generaciones de activistas continúan inspirándose en estos ejemplos. A través de movimientos como Defendamos Patagonia, líderes como Juan Carlos Viveros abogan por un enfoque más inclusivo y consciente de la riqueza biocultural que alberga Chile, revitalizando la lucha por la conservación y el respeto a los territorios ancestrales.
Finalmente, la conmemoración del Día del Defensor del Medio Ambiente no solo sirve para recordar a aquellos que han perdido la vida en la batalla por la justicia ecológica, sino que también lanza un poderoso mensaje a la sociedad y al Estado chileno: es imperativo establecer protecciones efectivas para los defensores ambientales. Sin garantías, la labor de proteger el planeta seguirá teniendo un altísimo costo humano. La indignación frente a la impunidad debe ser transformada en acción, resguardando los derechos de quienes se atreven a defender la tierra, el agua y la vida en un contexto que les exige valentía en cada uno de sus pasos.



