La película «La Corazonada», dirigida por Diego Soto, se ha consolidado como un destacado fenómeno cinematográfico en Chile, especialmente tras su exitosa recepción en el Festival de Valdivia. Esta obra se centra en la vida de Nieves, interpretada por Natacha García, quien maneja un balneario en Doñihue junto a su hijo. Desde el inicio, la historia nos transporta a un ambiente sereno y acogedor, donde el relax y la belleza del paisaje chileno se convierten en protagonistas. «Para mí el espectáculo principal es lo otro, el ambiente, el relax», dice Nieves, dejando claro que la conexión con la naturaleza y lo cotidiano es lo que realmente importa en su día a día.
Uno de los elementos más llamativos de «La Corazonada» es su cuidadosa selección musical, que acompaña cada escena con una sutileza impresionante. Desde la mezcla de sonidos naturales hasta la incorporación de rock chileno y poesía, la banda sonora está diseñada para resonar con la esencia de la narrativa. Diego Soto menciona que las decisiones musicales fueron intuitivas y se originaron desde el mismo rodaje, lo que permite que la música se sienta orgánica y esencial para el desarrollo del relato. Temáticas como el amor y la rutina diaria se entrelazan de forma armoniosa a través de las melodías que dan vida a la película.
La música elegida para «La Corazonada» no solo establece un ambiente, sino que también refleja la identidad cultural de la región. Con canciones como «Introducción a la vida narrada por el tío Juan» de Los Vidrios Quebrados y «Para que no me olvides» de Los Cuatro de Chile, la película se sumerge en la nostalgia y la melancolía, destacando los lazos familiares y las raíces locales. La historia de Nieves es también la historia de Rancagua, y la ligadura de la música chilena con el relato se convierte en un hilo conductor que une a los personajes con su entorno, fortaleciendo su conexión emocional con el espectador.
El uso de música clásica en «La Corazonada» agrega una dimensión adicional a la experiencia visual y auditiva. Diego Soto seleccionó piezas como el «Estudio en la bemol» de Chopin y la «Sonata para fagot» de Camille Saint-Saëns para acentuar los momentos más emotivos de la narrativa. Estos componentes musicales, que contrastan la rudeza de la vida cotidiana con el romanticismo de la música clásica, logran ilustrar la complejidad de los sentimientos de los personajes. La manera en que la música acompaña la coreografía de los movimientos de la cámara realza la estética del filme, llevando al público a un viaje sensorial.
El desenlace de la película es un reflejo del crecimiento emocional de los personajes, encapsulando la idea de que, a pesar de los obstáculos, el amor puede florecer. La composición final del director, «Ending de Nieves», aporta una atmósfera mística que evoca sensaciones de libertad y nuevas aventuras. Soto señala que su inspiración viniendo de la música de Julee Cruise busca terminar la película con un sentido de éxtasis, un homenaje al dinamismo del romanticismo en el cine. «La Corazonada» no solo es una historia de amor; es una celebración de lo cotidiano, del paisaje chileno y de la música que lo acompaña, creando un espacio donde el espectador puede experimentar el vuelo y el anhelo de ser verdaderamente libre.








