El Departamento de Estado de los Estados Unidos celebró el pasado viernes la reciente decisión del Gobierno de Honduras de clasificar a las bandas Mara Salvatrucha (MS-13), Barrio 18 y el Cártel del Diablo como organizaciones terroristas. Esta declaración, considerada histórica, se considera un paso fundamental en el esfuerzo de combatir la criminalidad en el país centroamericano y, por extensión, en toda la región. El Subsecretario de Estado para las Américas, Juan Pablo Segura, destacó en su mensaje que la designación tiene el potencial de fortalecer significativamente la capacidad de Honduras para abordar problemas relacionados con el narcotráfico y otras actividades delictivas que atentan contra la seguridad de sus ciudadanos y la estabilidad del hemisferio.
El 18 de septiembre, el Consejo Nacional de Defensa y Seguridad (CNDS) de Honduras tomó la decisión estratégica de declarar a estos grupos como organizaciones terroristas tras un análisis profundo de la situación de inseguridad que enfrenta el país. Durante una conferencia de prensa, el Ministro de Seguridad, Gerzon Velásquez, explicó que esta medida se enmarca dentro de un enfoque más amplio para evaluar profundamente a otras agrupaciones criminales. De acuerdo con Velásquez, se están considerando al menos veinticinco grupos adicionales que podrían enfrentar la misma categorización, lo que sugiere un compromiso serio del gobierno hondureño para desmantelar redes criminales en toda su extensión.
La lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado ha cobrado urgencia bajo la administración del presidente estadounidense Donald Trump, quien, tras su regreso al poder en 2025, ha reafirmado su apoyo a líderes latinoamericanos como Nasry Asfura. En este contexto, la colaboración entre Estados Unidos y Honduras ha cobrado impulso a través del ‘Escudo de las Américas’, una iniciativa que busca unir esfuerzos para enfrentar la influencia del crimen organizado en la región. Dicha colaboración no solo busca frenar el avance de las pandillas, sino también proteger las fronteras de ambos países de amenazas comunes.
El anuncio del Departamento de Estado destaca la posición crítica que ocupan las pandillas como la MS-13 y Barrio 18 en la estructura criminal de Centroamérica, enfatizando que su actividad representa un reto significativo para la paz y la estabilidad regional. Según informes recientes, se estima que estas organizaciones están involucradas en una amplia gama de delitos, desde extorsiones y tráfico de drogas hasta asesinatos. El reconocimiento formal de estas bandas como terroristas subraya la intención de los Estados Unidos de aumentar la presión sobre estos grupos y eventualmente llevar a cabo acciones más contundentes contra sus líderes y miembros.
Esta nueva fase en la lucha contra el crimen en Honduras ha generado elogios en el ámbito internacional, a la vez que plantea interrogantes sobre las estrategias de seguridad a largo plazo en la región. Mientras las fuerzas de seguridad hondureñas se preparan para implementar estas nuevas políticas, los ciudadanos mantienen un rayo de esperanza de que este tipo de medidas ayudarán a restaurar un clima de seguridad y confianza. Sin embargo, algunos expertos advierten que la duración y efectividad de estas acciones dependerá de la cooperación continua y el compromiso tanto de las autoridades hondureñas como de sus aliados internacionales en la lucha contra el crimen organizado.








