El Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) ha desplegado sus fiscalizadores en Quinchao, en la provincia de Chiloé, para investigar un alarmante caso de mortalidad masiva de salmones en el centro de cultivo Traiguén 2, administrado por Invermar S.A. El evento, registrado el 12 de febrero, fue provocado por una disminución crítica de oxígeno en el agua, lo que derivó en la muerte de aproximadamente 283 toneladas de salmones, equivalentes al 10% de la biomasa total del centro. Sernapesca comunicó que las acciones están en marcha para retirar los peces afectados, que serán transportados a una planta reductora utilizando un pesquero de alta mar.
Cristian Hudson, director regional de Sernapesca en la región de Los Lagos, se pronunció sobre la situación y resaltó la naturaleza ocasional de estos fenómenos oceanográficos, que han ocasionado mortalidades focalizadas en otros centros de cultivo de salmón en la región. Hudson aseguró que la institución está vigilando de cerca la situación, además de instar a que se implementen adecuadamente los planes de acción ante contingencias en respuesta a este tipo de eventos. La vigilancia destaca no solo la importancia de atender la crisis actual, sino también de evaluar el impacto potencial en otros centros de cultivo que podrían estar en riesgo.
Por otro lado, el incidente ha suscitado la respuesta de diversas organizaciones ambientales, quienes han calificado la situación como un «desastre ecológico». Estas agrupaciones, como ‘Áreas Protegidas sin Salmoneras’ y ‘Defendamos Patagonia’, han denunciado que la mortalidad de salmones no es un suceso accidental, sino una consecuencia del modelo productivo de la industria salmonera que saturó el ecosistema marino. A través de sus redes sociales, enfatizaron que la tragedia es una alerta ambiental que señala la necesidad de cuestionar las prácticas industriales que lideran el sector.
Las organizaciones argumentan que la excessiva concentración de salmones en jaulas no solo genera contaminación orgánica, sino que conduce a una eutrofización cercana que reduce el oxígeno disuelto en el agua a niveles que resultan letales para las especies marinas. En sus publicaciones, expresaron la gravedad de la situación al señalar que el problema afecta no solo a los salmones, sino también a toda la vida marina, incluyendo algas, moluscos y peces nativos, creando un efecto dominó que puede para exacerbar la crisis ecológica en la región.
Ante este escenario, las agrupaciones han instado tanto a las autoridades como a la ciudadanía a tomar conciencia de la magnitud de esta crisis, cuestionando las cifras oficiales sobre la mortalidad y la posible ocultación de información. Con un llamado a la acción bajo el lema «El mar de Chiloé y Patagonia no es basural industrial», exigen a las autoridades la inmediata paralización de la expansión de las salmoneras, el retiro de las jaulas de áreas protegidas y la realización de una investigación imparcial que conlleve sanciones efectivas. La demanda por un cambio radical en las prácticas de la industria se hace más fuerte a medida que la comunidad comienza a darse cuenta del impacto duradero que estas actividades tienen sobre el ecosistema.








