En un contexto electoral marcado por el avance a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile, los músicos nacionales han decidido alzar su voz en defensa de la memoria histórica y la conciencia de clase. Con la aparición de candidatos como José Antonio Kast y Jeannette Jara, diversos exponentes del género urbano han utilizado sus plataformas digitales para manifestar una postura crítica, concentrando su discurso en temas como el fascismo y los vínculos de este con la dictadura de Pinochet. Esto ha propiciado un espacio en el que los artistas no solo buscan entretener, sino también educar e informar a sus seguidores sobre las implicancias de las opciones políticas en disputa.
Varios artistas han decidido romper con la histórica neutralidad del rubro musical, lo que ha generado un ambiente de tensión creciente. Cantantes como Akriila han subrayado la responsabilidad política intrínseca al arte, argumentando que «el arte siempre ha sido político». Su declaración resuena fuertemente en un contexto donde muchas voces se alinean contra la ultraderecha. Al hacer un llamado a sus colegas a usar sus plataformas para cuestionar y debatir, Akriila ha establecido un precedente sobre la importancia de la conexión entre la música y la política, especialmente en tiempos de polarización.
En la misma línea, Princesa Alba se pronunció con un mensaje contundente que reafirma su postura política, dejando claro que su espacio no da cabida a la ultraderecha. Su afirmación directa a su audiencia, «en este perfil no somos de ultraderecha y lo saben», se suma a las voces de otros músicos, como Seamoon, quien ha exhortado a sus seguidores a adoptar una postura crítica y realista ante la realidad social, enfatizando la importancia de recordar que son parte de la clase trabajadora. Este mensaje de conciencia de clase resalta la urgencia de pensar más allá de los intereses individuales y de luchar por una sociedad más justa.
Otros artistas como EASYKID y AQUA VS han recordado la historia oscura del país, haciendo hincapié en la necesidad de no olvidar el pasado para evitar repetirlo. EASYKID se mostró enfático al rechazar cualquier opción política que provenga de la herencia pinochetista, mientras que AQUA VS apeló a sus experiencias de vida, subrayando que la conexión con la comunidad y la familia debe prevalecer sobre motivaciones económicas individuales. Esta reflexión se vuelve especialmente relevante considerando la inminente cita electoral, donde las memorias de la dictadura aún resuenan en la conciencia colectiva.
La escena musical chilena está en medio de un balance delicado, donde el arte se convierte en un vehículo de expresión política. Musicos como Young Cister han hecho eco de la urgencia de defender los derechos sociales, mientras que Pablo Chill-E, aunque se ha abstenido de nombrar a candidatos específicos, ha criticado la falta de educación cívica que impera entre el electorado. En un momento donde cada mensaje cuenta, la influencia de los artistas en la formación de opinión pública se torna crucial, reflejando así la profunda división social y política que atraviesa el país. A medida que se aproxima la segunda vuelta, la música chilena continúa siendo un espacio de resistencia y de lucha por un futuro más equitativo.



