La trágica muerte de Dangeline Verce Saint Albord, una niña de apenas 2 años y 8 meses en la guardería “Pequeños Sueños” de Rengo, ha sacudido a la comunidad migrante y despertado el clamor por justicia en medio de condiciones de abandono institucional. La pequeña, hija de inmigrantes haitianos, falleció asfixiada tras ingerir un globo, dejando a su familia y a la comunidad en un profundo duelo. Este hecho ha generado una ola de indignación, poniendo en tela de juicio las condiciones de seguridad y los protocolos de emergencia en las instalaciones de la JUNJI, entidad responsable del cuidado infantil en Chile.
La Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones (PDI) y el Ministerio Público han comenzado a investigar las circunstancias que rodearon la muerte de Dangeline, pero muchos en la comunidad ya expresan su desconfianza ante la falta de respuestas y la carencia de un protocolo claro que proteja a los niños. La ausencia de equipos adecuados de primeros auxilios en la guardería ha sido un tema recurrente en las demandas de los padres, quienes consideran inaceptable que una tragedia de tal magnitud pudiera ocurrir en un ímpetu de descuido institucional.
En medio de la espera del cuerpo de la niña, otra controversia se suscitó en Rengo. El 25 de julio, un operativo municipal llevó a cabo la demolición de viviendas afectadas por la irregularidad en los campamentos Tricolor y Galvarin. Esta acción, realizada por carabineros y personal del municipio sin ofrecer soluciones habitacionales a las familias vulnerables, generó aún más angustia en una comunidad que ya enfrenta el dolor por la pérdida de una vida. Bajo las extremas temperaturas invernales, la falta de empatía de las autoridades locales ha sido severamente criticada, lo que ha aumentado la sensación de abandono entre los residentes.
Desde la comunidad haitiana y otros sectores, se ha denunciado una alarmante pasividad de las autoridades frente a esta tragedia. Según han declarado, ni el Gobierno, ni la JUNJI, ni la administración municipal han emitido declaraciones adecuadas que aborden la gravedad de lo ocurrido. Este silencio institucional ha traído a la memoria el caso de Joane Florvil, quien también sufrió las consecuencias de un sistema que a menudo ignora las voces de los migrantes, replicando patrones de racismo estructural que afectan gravemente a esta población.
“Los actos de negligencia deben ser atendidos con urgencia y exigimos justicia”, han manifestado miembros de la comunidad haitiana, quienes claman por garantías de que ningún otro niño, independientemente de su origen, sufra lo que ha sufrido Dangeline. Consideran que la falta de respuesta ante cada caso de negligencia es un reflejo de un sistema que sigue perpetuando el racismo y la desatención. En este sentido, sus voces se alzan no solo por la memoria de la pequeña, sino también por el cambio necesario que aún está por llegar en la sociedad chilena.








