El pasado jueves por la noche, el estadio San Mamés de Bilbao se convirtió en un escenario de solidaridad y reivindicación durante el encuentro de fútbol entre la Euskal Selekzioa y la selección nacional palestina. Con un aforo completo de 51.396 espectadores, el evento no solo marcó un hito deportivo al ser el primer partido de la selección palestina en Europa, sino que también se erigió como un fuerte mensaje humanitario. Con banderas de Palestina y ikurriñas ondeando en las gradas, el ambiente se impregnó de un espíritu de apoyo hacia un pueblo que sufre, y la afición mostró su entusiasmo y compromiso desde el primer momento.
La cita comenzó con una emotiva ceremonia previa que incluyó un impresionante mosaico gigante realizado por los asistentes y un minuto de silencio en homenaje a las víctimas del conflicto. En ese instante, se pudo sentir la unidad de los presentes, quienes no dudaron en aplaudir y vitorear alzando su voz con el grito de ‘Palestina, askatu’. Esta conexión emocional entre el público y los jugadores de ambos equipos fue palpable durante todo el partido, subrayando el poder del deporte como vehículo de mensajes de paz.
Durante el encuentro, los jugadores de la Euskal Selekzioa saltaron al terreno de juego ataviados con kufiyas, un símbolo tradicional que representa la resistencia palestina. Este gesto de solidaridad fue recibido con entusiasmo por los aficionados, que no cesaron en sus cánticos de apoyo. El partido estuvo marcado por momentos de espontaneidad, como el lanzamiento de aviones de papel desde la grada y una breve interrupción debido a una bengala encendida, lo que reflejó la energía e intensidad del evento más allá de lo deportivo.
A pesar del resultado final, que benefició al equipo local con un claro 3-0, la verdadera victoria de la noche fue el mensaje de apoyo que se transmitió a los jugadores palestinos. Al concluir el partido, los futbolistas de Palestina mostraron una pancarta que decía ‘Thank you Basque Country’, mientras se abrazaban entre sí en una conmovedora escena que perpetuó el espíritu de fraternidad y respeto. Como reiteró Diario.es, ese momento trascendió al marcador, convirtiéndose en una poderosa imagen de unión en tiempos difíciles.
El espectacular cierre de la velada tuvo lugar antes del tercer gol de la Euskal Selekzioa, cuando las más de 51.000 almas presentes encendieron las linternas de sus móviles, iluminando el estadio en un impresionante homenaje colectivo. Este acto simbólico, acompañado de gritos de ‘Palestina askatu’, selló una noche donde el fútbol se erigió como una herramienta para la paz, destacando el compromiso del pueblo vasco con la justicia y la solidaridad internacional.



